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NUESTRO MARAVILLOSO JESUS
Pr. Rolando González

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En la epístola del apóstol San Pablo a los Colosenses, cap. 1 versos 16-20, leemos: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, el que es el principio, es el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz". Este es uno de esos pasajes de las Escrituras que constituye un alegato extraordinario que demuestra el papel pluralista jugado por Cristo a lo largo de la historia de este mundo, y en el cual Pablo nos lo presenta como Creador, Dios eterno, sustentador, cabeza suprema de su iglesia y víctima expiatoria; veámoslo por partes.
En su papel de Creador, el apóstol San Juan en su introducción al evangelio que lleva su nombre, declara sobre Jesús: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Juan 1: 1,3) De acuerdo a este pasaje y otros muchos del Nuevo Testamento, Cristo es el creador de todo lo existente. Hace poco leía una noticia publicada en el Nuevo Herald de Miami donde hablaba sobre el nuevo libro del científico ingles Stephen Hawking, The Grand Design (El gran diseño), en el cual defiende su hipótesis de que este Universo no necesitó de un creador para llegar a la existencia. Uno se llena de asombro de que todavía queden personas que sigan tratando de probar al mundo que un reloj puede llegar a existir sin la intervención de un relojero; estos son aquellos de los cuales la Biblia declara de que "queriendo ser sabios, se hicieron necios" (Romanos 1:22).
Por otro lado, Cristo no creó el Universo y lo echó a andar con una batería eléctrica para luego olvidarse de él, no, él además "sustenta todas las cosas con la palabra de su poder" (Hebreos 1:3). De manera que cada pulsación, tanto del Universo como del corazón de cada criatura viviente, ocurre obedeciendo a la voz de su Creador. Aun más, Dios "hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos" (Mateo 5: 45) de tal manera que todas las bendiciones de Dios son distribuidas sin hacer acepción de personas sobre los cuatro puntos cardinales del planeta.
Pero lo más extraordinario del papel jugado por Cristo está relacionado con su obra expiatoria llevada a cabo durante su encarnación al venir a este mundo. De ello nos declara el apostol Juan: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4:10). Como víctima expiatoria, Cristo purifica todos nuestros pecados (Hebreos 1:3), nos reconcilia con Dios (Romanos 5:10), nos otorga el status de hijos (Gálatas 3: 26-28) y nos concede el don de la vida eterna gratuitamente (Juan 3:16). Pero más aún, el último acto de este maravilloso Dios en favor de este mundo pecador será la reconciliación total y definitiva con todo el Universo, de manera que toda la creación volverá a pulsar al unísono, de acuerdo al plan primario de su Creador. Ese día, toda "la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Romanos 8:21). Entonces todo el Universo alzará su voz en un cántico nuevo y distinto, alabando a Aquel quien nos redimió con su sangre para habitar en un mundo nuevo, sin guerras, sin muertes ni fronteras, y donde reinaremos por toda la eternidad. Yo te invito hoy a que vengas a Jesús y le aceptes como tu Salvador personal, y al igual que yo y muchos más, formes parte de la gran muchedumbre que muy pronto le dará la bienvenida en su segunda venida. Que Dios te bendiga y ayude a dar ese importante paso.